martes, 12 de agosto de 2008

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Se introducía entre la multitud de personas para poder encontrarse frente a frente con aquella lista que, tal vez, pudiera salvarle la vida entera. En esta, había alrededor de 1100 nombres, calculando entre 300 mujeres y 800 hombres. Cuando por fin logró llegar a la pared, la gente ya se había retirado a trabajar, pero aquel acto le fue indiferente. Deslizó su dedo índice entre los diferentes nombres que estaban escritos, el de ella no estaba. Talló sus ojos y volvió a pasar el dedo entre las líneas, sin embargo no hubo resultado alguno. Así que decidió volver a leer aquel papel, pero esta vez, nombre por nombre, sería un procedimiento largo, más no había otra opción. Con forme la lista iba avanzando su corazón latía cada vez mas rápido, sus piernas perdían fuerza, sus ojos se notaban cristalinos, sus brazos se hormigueaban, su garganta se cerraba. Experimentaba un sentimiento de coraje, decepción, tristeza, miedo y desesperación. Cuando su dedo estaba por llegar a la última línea, un individuo llamado Amon Goeth, al que conocía perfectamente y que le causaba terror, se acercó a ella de manera agresiva, estaba enojado. Señalaba con insultos el coraje que tenía gracias a aquella mujer, a quien minutos atrás le había pedido a gritos desde su balcón que regresara al trabajo, pero esta no obedecía, ya que estaba entretenida mirando aquel pergamino de 1100 renglones. Cuando el hombre llegó hasta ella, la miró a la cara, mostrando en su rostro una sonrisa, la cual, podía causar pavor entre los demás, si así lo deseaba. La abofeteó tan fuerte que la pobre mujer fue a dar al piso. Esta, al darse cuenta de que todos la miraban desde sus diferentes dormitorios y recordando que ni siquiera uno de los hombres más ricos de Alemania habían podido salvarla, comprendió que aquel momento era el último de su vida y que no podía desperdiciarlo mirando a sus compañeros, amigos y familiares desde el suelo, así que llenó su corazón de coraje y valor, secó sus lágrimas y se abalanzó sobre él, mostrado con golpes el coraje que tenía dentro de ella y que se había guardado por años. Después de lidiar con jalones y rasguños Amon disparó sobre ella, quien cayó al piso con los ojos abiertos y la mirada puesta en el papel blanco pegado en la pared, descubriendo su nombre en la última columna.


Samanta Islas

1 comentario:

Reiben dijo...

Me gusto el final, pero más que el final los momentos sumergida en la lista... lo pude sentir.