lunes, 24 de noviembre de 2008

“Te digo que lo he visto”
Me decía mi madre alterada. Le respondí que no se preocupara, que no era nada importante. Se asustó de mi inesperada reacción. Lo que ella nunca supo es que dentro de mí, había una mano caliente y seca que tomaba mi garganta y la apretaba hasta dejarme sin aire. Que un fuerte puño apretaba mis pulmones y que pareciera que alguien mordía, desesperadamente, mi corazón.

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