
No me apena decir que de niña quería ser astronauta, quería llegar a la Luna, para ser sincera. Cabe señalar que me atreví a decir esto en público, ante los demás compañeros. Y cuando todos escucharon mi opinión se miraron unos a otros con un gesto de burla en sus caras. Aún no sé con exactitud qué fue lo gracioso, el haber dicho que llegaría a la Luna de esa manera o simplemente la idea de llegar allí. Como haya sido, no importa ya. Hoy, a mis tan sólo 20 años, vivo constantemente en ella, y esto es mucho mejor que sólo visitarla. La limpio cuando alguien más llega y deja sus patotas marcadas en ella, la lavo si es necesario. Procuro mantenerla presentable para sus bailes de noche, hay ocasiones en que la dejo realmente resplandeciente, brillante, dorada, para que el mundo entero pueda observarla en su mejor estado.
De vez en cuando recibimos la visita de un buen amigo, Jaramillo.
Samanta Islas
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